Tuesday, 20 January 2009

No hay parranda sin resaca

Samuel Perez

Se dice aquí en el Norte que si alguien no disfruta de las fiestas son los economistas. El motivo es que los economistas vemos la correlación del nivel de la parranda con la profundidad de la resaca del día siguiente.
En otras palabras, toda consecuencia tiene su costo. El sacrficio de hoy es el gozo de mañana, pero lo contrario también es cierto. Quisiera expresar este mismo concepto en relación al costo que conlleva vivir en un país subdesarrollado como Guatemala.
Guatemala es una serie de contradicciones: Luces en el cielo y arboles navideños alumbran las calles mientras 4 de cada 10 niños están desnutridos. Se escuchan mensajes de paz y armonía en la radio y somos uno de los más altos índices de violencia de América. Las vitrinas llenas de ofertas y productos, y 6 de cada 10 personas reciben de ingresos menos de 2 dólares al día. Vivimos encerrados en las casas deseando que el mesías venga a salvarnos cada 4 años.
Estos son los costos de vivir en un país subdesarrollado.
Nos quejamos del trafico, nos quejamos de la baja productividad, nos quejamos de la basura en las calles, nos quejamos de la violencia, nos quejamos de la corrupción y de la mediocridad, nos quejamos con toda razón. Pero será que nos hemos puesto a pensar que lo mencionado son consecuencias del subdesarrollo? Hartos estudios indican los beneficios de la educación en términos de espaciamiento de embarazos, de productividad, de convivencia en armonía, de respeto a las leyes, de participación democrática, de cohesión social, de limpieza y respeto al entorno ambiental, cultural y social. Otros estudios respetables correlacionan los índices de desigualdad económica y de bajos niveles de desarrollo humano con las practicas violentas, con la delincuencia y con los bajos estándares de calidad de vida.
Queremos salir del subdesarrollo pero las mayorías no queremos aceptar que debemos pagar un costo para ello.
Qué implica salir del subdesarrollo? Los costos son altos e implican sacrificios. Costos que van desde el cambio de hábitos individuales, la erradicación de nuestros paradigmas, el rompimiento de prácticas de amiguismos en el gobierno, en nuestro lugar de trabajo o estudio. Queremos salir del subdesarrollo pero damos y pedimos “copia” en los exámenes, copiamos los trabajos de investigación del Internet, pedimos favores porque tenemos “conectes” en el gobierno o en alguna institución, excluimos y nos discriminamos entre nosotros mismos, nos reímos de que otros se cuelen en la fila e insultamos a quien nos está pidiendo vía para poder pasar.
Queremos salir de la situación obscura pero no estamos dispuestos a pagar los costos en terminos economicos, como el pago de más impuestos, o elevar las condiciones de trabajo en nuestras empresas. No estamos dispuestos a pagar el costo de denunciar ante las autoridades el abuso de algun funcionario o de algun empresario. El costo que implica caminar con integridad y procurar ser correcto en nuestro actuar. El costo de querer hacer las cosas mejor cada día.
El costo de la humildad, el costo moral de no cumplir las leyes, de tirar un papel en la calle o de evadir millones al fisco. El costo de firmar una licitación no transparente en el gobierno o desviar fondos a empresas familiares o de amigos. Esos costos se reflejan en el país en que vivimos actualmente.
Estas fechas de fin de año nos debieran hacer reflexionar sobre nuestra disposición de salir del subdesarrrollo.
Las alternativas que tenemos son pocas: Vivir en el subdesarrollo y pagar los costos sociales (que ya estamos pagando y que pueden ser aún peores) o asumir el costo de saltar al desarrollo y heredar un mejor país a las siguientes generaciones. No hacer nada y seguir cavando el pozo que hemos cavado en las ultimas décadas o asumir una actitud madura y de sacrificio como una generación para cambiar el país.
Recordemos que la resaca es directamente proporcional al nivel de la parranda y hasta ahora, muchos chapines viven el costo de la goma sin siquiera haber asistido a la parranda.

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