Tuesday, 5 July 2016

EL BURRITO FELIZ

Había un burrito que le encantaba contar chistes. Era tan malo que los otros animales sentían pena ajena. Sin embargo, el burrito feliz enfrentaba las críticas con buena actitud. Se le ocurrió una idea: se puso tapones en sus orejas para no escuchar ninguna crítica. Nadie lo tomaba en serio al burrito feliz. Pero a éste no le importaba. Algún día todos me escucharán y reirán de mis chistes, decía con enojo!

Un buen día, el establo se quedó sin caballos para ser montados por los patrones de la finca pues los que había fueron llevados al matadero por el control sanitario que venía del gran país del Norte… Se llevaron a todos los caballos pero dejaron a algunos burritos en el establo, entre ellos al burrito feliz.

Resulta que el caporal al no encontrar caballos para que el patrón paseara por su finca empezó a gritar. Los animales se asustaron y fueron a esconderse. El burrito feliz al no percatarse de los gritos (por sus tapones en los oidos) pasó frente al caporal…. Éste vio al burrito feliz que estaba por allí, lo atrapó, lo ensilló y se lo llevó al patrón con gran preocupación porque no era lo que el patrón estaba acostumbrado. Después de una tremenda regañada al caporal por llevarle burros en vez de caballos, al patrón no le quedó otra más que aceptar al burrito feliz para ser montado. Al final servía para lo que le servía.

El burrito estaba más feliz que nunca. Ahora lo llevarían al establo mayor, comería heno de la mejor calidad, tendría todo a su disposición, podría dar órdenes a los demás animales en el establo y lo mejor: podría contar sus chistes a todo el mundo asegurándose que todo el mundo se riera de ellos… A partir de entonces no escuchaba ninguna crítica. Solo oía de cerquita a su séquito de perros falderos y achichincles que se reían con él, lloraban cuando el lloraba, asentían cuando el asentía y redoblaban el paso cuando él marchaba haciéndole burla a los perros guardianes de la finca.

Después de varios años, el burrito ya cansado de tanto transportar a los patrones, sirviéndoles con su mejor sonrisa, fue sustituido por un nuevo burro más joven pero igual de servil. El burrito fue abandonado en el establo a su suerte. El burrito había construido un su establo privado para cuando llegara ese día.

Cuando le quitaron la silla de encima, el burrito se dio cuenta que estaba ya muy cansado y desgastado. Pero para ese entonces se había acostumbrado a que todo el mundo se riera de sus chistes a la fuerza.

Pero ahora ya no quería contar chistes. Estaba viejo y cansado. Se acercó entonces a los demás compañeros en el establo y empezó a contar historias, y anécdotas. Esta vez, contaba con seriedad lo que había hecho siendo el burro del patrón. Para su sorpresa todos los camaradas reían y reían… su sueño no era necesariamente ese. Ya no reían con el burrito, ahora se reían de él.

Así termina la triste historia del burrito feliz.

Moraleja: Para comprender la moraleja, es necesario vivir en Guatemala, pararse en el sol por una hora mientras algun mandatario accidental le cuenta este cuento…
Eso sí, recuerde enfrentar la vida con una buena actitud, no olvide aplaudir al final y bendecir a todo el mundo. 

--------------------------------------------------------------- FIN ----------------------------------------------------------------------

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