Tuesday, 20 January 2009

Los costos del subdesarrollo*

Lic. Abraham Samuel Perez / samperez1@gmail.com

Queremos salir del subdesarrollo pero no queremos aceptar que debemos pagar un costo para ello.
Cambiar Guatemala del estado actual a un país moderno, seguro, oxigenado, esperanzador, con oportunidades para todos y con mejor calidad de vida sí es posible. Sin embargo lograrlo no es gratis, no se alcanza de un día para otro ni ocurre por generación espontánea. En ese proceso todos debemos participar, pensar en el largo plazo y pagar el costo. Costo, que como mínimo una generación deberá asumir. ¿Quién por el bien de la siguiente generación querrá sacrificar su corto plazo? ¿Quién prefiere renunciar a algunos beneficios personales si eso significa el bienestar de todos? La premisa en ciertos estratos de la población es resolver el problema individualmente sin pensar en el país como un conjunto. Grave error que nos ha mantenido en un círculo vicioso pero que responde a la racionalidad individual.
El paradigma que el mundo postmoderno nos heredó es que “cada individuo en cada generación se preocupará de sus propios problemas”. El problema es que hoy heredamos un país descompuesto y desarticulado porque la generación anterior no quiso pagar el costo de saltar al desarrollo económico, social, ambiental y humano. El costo de devolverle a Guatemala seguridad, bienestar y desarrollo y despertar su potencial económico no es modesto ni trivial. Se trata de renunciar a beneficios del corto plazo y cambiar la zona de confort de algunos para el beneficio de todos, mañana.
¿Qué implica salir del subdesarrollo? Los costos son altos e implican sacrificios. Costos que van desde el cambio de hábitos individuales, la erradicación de nuestros paradigmas, el rompimiento de prácticas de amiguismos en el gobierno, en nuestro lugar de trabajo o estudio y el conformismo. Queremos salir del subdesarrollo pero damos y pedimos copia en los exámenes, copiamos los trabajos de investigación del Internet, pedimos favores porque tenemos conectes en el gobierno o en alguna institución, excluimos y nos discriminamos entre nosotros, nos reímos de que se cuelen en la cola e insultamos a quien nos está pidiendo vía para poder pasar. Queremos salir de la situación obscura pero no estamos dispuestos a pagar los costos en términos económicos, como el pago de impuestos o elevar las condiciones de trabajo y el salario en nuestras empresas o el costo de reducir el impacto ambiental y social a nuestro entorno. No estamos dispuestos a pagar el costo de denunciar ante las autoridades el abuso de algún funcionario o empresario. Nos quejamos de la inseguridad y de la pobreza, nos quejamos de la ignorancia y de la mediocridad. Nos quejamos de la incapacidad de algunos políticos y del abuso de otros. Calladamente nos quejamos del mal servicio de muchas empresas y de los accidentes del transporte extraurbano. Nos quejamos de la deforestación y del narcotráfico. Nos quejamos con toda razón y deseamos vivir en un mejor país. ¿Estamos dispuestos a pagar el costo de salir de esta situación o nos mantenemos conformistas pagando la factura del subdesarrollo con intereses en el tiempo?
Costos para salir del subdesarrollo implican e incluyen el costo de ser correctos en nuestro actuar. El costo de hacer las cosas mejor cada día. El costo de firmar una licitación no transparente en el gobierno o desviar fondos a empresas familiares o de amigos. Los costos del subdesarrollo se pagan ya sea con dinero, con limitaciones y con el rompimiento de practicas mediocres, ejerciendo además nuestros derechos como ciudadanos o se paga con inseguridad, inviabilidad, ignorancia, polución, exclusión, mediocridad, abusos, corrupción, miedo y muerte si no hacemos nada.
Una persona consciente y con visión sabe que renunciar a algunos beneficios del corto plazo vale la pena pues es más costoso a la larga vivir en un país próximo a ser inviable. Al final del día los problemas sociales se convierten en costos individuales.
Las alternativas que tenemos son pocas: Vivir en el subdesarrollo y pagar los costos que conlleva (que ya estamos pagando y que pueden ser aún peores) o asumir el costo de saltar al desarrollo y heredar un mejor país a las siguientes generaciones. El costo de vivir en un país desarrollado puede que sea grande. Pero el de vivir en un país subdesarrollado es aún más alto y peor aún: permanente.
* Profesor de Economía en el Lester B. Pearson College, Victoria, Canadá

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