Tuesday, 20 January 2009

De crisis económicas, instintos animales y el Gran Hermano

Por: Abraham Samuel Perez


Aunque las condiciones de la depresión de 1929 eran distintas a las actuales, en un mundo globalizado y altamente interdependiente la fiesta que tuvieron los gringos puede provocar una resaca muy dolorosa incluso a quienes no fuimos a la parranda. Reny Bake mencionó en su columna algunos impactos en Guatemala por nuestra intima relación con dicha economía: menor demanda en bienes y servicios chapines y el consecuente shock en los ingresos y en el empleo guatemalteco, la pérdida de empleos en los USA, menor envío de remesas y el retorno de inmigrantes, entre otros problemas que nos salpican. Recordemos que aprox. un 40% del consumo global es gringo, por lo que muchas economías en el mundo están también con escalofríos y la boca seca. El Crash en la bolsa en los años 30 produjo una caída en la producción y el empleo en varios países del mundo. En dos platos: Al caer el consumo se deja de producir, lo que provoca desempleo y menos ingresos individuales y por ende menos consumo, desencadenando un círculo vicioso. En la crisis de los 30 el shock cayó por sorpresa a los tomadores de decisión. John Maynard Keynes propuso la intervención del Gobierno en la economía, en un contexto donde se apostaba únicamente a las leyes del mercado. La novedosa y aún cuestionada intervención Estatal tuvo además de un objetivo económico, un objetivo social mediante la reestructuración institucional, donde se incluyó la seguridad social, la regulación financiera, un ajuste en la producción agrícola y la creación de empleos por parte del gobierno, entre otros. (Se sabe de personas que eran contratadas para espantar palomas en los parques para reactivar la economía). El New Deal de Franklin D. Roosevelt que generó unos 8.5 millones de empleos, comprendía políticas proteccionistas e intervencionistas para rescatar la economía, incrementando la producción, el empleo y la estabilidad de precios. No olvidemos que fue además fue el contexto previo a la II Guerra Mundial. A diferencia de entonces, la intervención del Gobierno de Bush en la crisis actual es que apunta a “salvar” al sistema financiero, lo cual beneficia directamente a algunos grandes capitales e indirectamente a la economía en general.
La fiesta en los EUA consistió en una orgía de consumo desmedido e irresponsable y un endeudamiento individual desenfrenado. Esto enviaba señales a los oferentes a seguir produciendo e importando del resto del mundo, otorgando a la vez más créditos y vendiendo bienes y servicios aún encima de la capacidad productiva de la economía. La burbuja benefició a los Chapines: Las exportaciones a los USA mostraron una tendencia al alza durante los últimos años. La gente allá hipotecó su casa, su carro, gastó a más no poder con tarjetas de crédito que les regalaban sin tener garantías y a tasas de interés altas. No les importó. “Consume y consume” fue la consigna. El instinto animal que Adam Smith apuntaba hace ya 300 años se soltó ferozmente y tomó inercia. El homo economicus al querer tener más se exacerbaba olvidando un sabio proverbio que nos dice que “los bienes de prisa adquiridos no serán al final bendecidos”. Aunque con algunas diferencias a la situación actual, la gran depresión de los años 30 dejó algunas lecciones. Debemos tomar en cuenta que hoy los policymakers en EUA tienen la experiencia de ese entonces y existen herramientas para salir a flote.
El sistema capitalista no ha muerto pero nos deja pensando… ¿Será que la especie humana podrá controlar alguna vez ese “instinto animal”? ¿Se requerirá siempre que salga el “Gran Hermano” a rescatarle cada vez que los demonios se escapan? ¿Cuándo será demasiado tarde?

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