Thursday, 17 November 2011

Ciudadanos-as globales, ciudadanas-os libres


 ¿Qué te hace ser Guatemalteca, afgani o gringo? Que diferencia hay entre una persona guatemalteca que reside en el pais a una que, siendo guatemalteca, vive y trabaja afuera? Que diferencia hace para el mundo eliminar un bosque en El Brasil o Educar a jóvenes en Canada? Es que vivimos cerrando nuestras fronteras cuando la verdad es que las fronteras son inexistentes mas que como construccion politico-social.
¿Que una persona de color distinto al mio, que habla idiomas distintos al mio o que tiene preferencia sexual diferente de las mias es menos que yo? ¿Y porque no al reves? ¿Que tal quien cree en varios dioses o quien no cree en ninguno? ¿Condenaremos a esa persona al infierno porque no cree en esa “verdad” que la Iglesia a la que asisto me obligo a creer a traves de temores y dogmas? ¿Y que hay de aquellas personas científicamente dogmáticas, que por defender al método científico evaden la búsqueda de la verdad ante evidencias factuales distintas a la norma?
Decimos que queremos progreso, que ya es hora de saltar al siglo XXI y que el cambio debe empezar en uno. Seamos entonces honestos, pues ni progreso significa necesariamente más Inversión Física en la capital, como a veces se nos hace creer. 
Que Starbucks haya abierto sus cafeterias en Guatemala o que el PIB crezca 2% más en relación al año anterior tampoco nos posiciona como un país que entra al nuevo mileno mientras existan posturas discriminatorias a la libre expresión, al derecho de opinar, al derecho de creer, al derecho de querer y de escoger libremente cómo, con quien (o quienes) se desea vivir. Mientras callemos a alguien porque no piensa igual que nosotros, mientras creamos que lo que sucede en el sur del África no nos afecta a quienes vivimos en el norte del hemisfero americano, mientras pensemos que el vivir en la capital nos hace ciudadanos de primera y que el resto de personas por su apellido, su actividad laboral o su genero sean ciudadanos y ciudadanas de menor categoría, estaremos viviendo en una sociedad con serios obstáculos a alcanzar mejores niveles de vida en general.
La libertad de opinar, como ciudadanos globales, sin importar la region geografica donde nos desenvolvamos, o el país de residencia, es y será un derecho humano al cual todos debiéramos acceder sin restricciones mas que el acceso mediático y la capacidad critica de quienes reciben el mensaje. Así como ningún medio de comunicación debiera “mandar a callar” a un columnista que expresa libremente su opinión, como sucedió con la colega columnista Margarita Carrera hace unos meses atrás, ninguna persona con mediana educación democrática debiera aventurarse a ocupar el puesto de censor a la expresión por x, y o z motivos, justificables o no. La verdadera libertad de expresión no esta en quien envía el mensaje. Es la capacidad intelectual de quien lo recibe quien le dará la libertad a la persona para decidir hasta donde mastica y que proporción del mensaje digiere, echando por la borda el bagazo. Esa es, a mi humilde juicio, a la libertad a la que debemos apelar. La libertad de pensar, de auto criticarnos y de no creernos todo lo que pensamos o leemos, incluyendo lo que escribo en esta columna.

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