Tuesday, 5 June 2012


Castración intelectual
Samuel Perez Attías

El joven Despertó: En esa universidad, en lugar de buscar la Verdad defendían una ideología.

Vivía en un pueblón un niño curioso y preguntón. Quería encontrar respuestas y satisfacer esa hambre de conocimiento que le entusiasmaba.
Quería aprender sobre la vida, la muerte y la moral. Un Pastor se empeñó en convencerle que debía portarse como en laiglesia enseñaban y debía creer en un dios antropomorfo para no ser castigado eternamente.
Quería aprender sobre sexualidad. El padre, asustado evadió el tema y dejó que la vida le enseñara. Ya él comprendería sobre eso al ir a un prostíbulo sin mayores preámbulos y naturalmente “ejercer sus funciones biológicas”, como todos los “machos” del pueblo lo hacían, independientemente si eran personas o animales.

El joven quería aprender sobre las corrientes políticas y económicas. El profesor (ejecutivo de una empresa multinacional) le dio sinfín de argumentos para descalificar sus “peligrosas ideas” y se enfocó en repetirle las bondades de un supuesto sistema en donde las multinacionales eran “imprescindibles” y las ideas antagónicas (aún fundamentadas) debían ser desterradas pues ponían en peligro el modelo imperante, ergo su status económico y social en el pueblo.

Sus clases se complementaban con visitas de Premios Nóbel que presentaban una visión exclusiva de la economía y de la política. Visión que reafirmaba la ideología de la Universidad donde estudiaba.
El joven leía en los medios sobre los desalojos violentos que incluso causaban perdida de vidas, y cuando preguntó a sus mentores, la respuesta que recibió lo dejó helado: “La propiedad privada es tan sagrada como la vida misma”. No entendía como alguien podía defender el Tener sobre el Ser con tanto simplismo o tranquilidad y de esa forma justificar semejante barbarie, no dignas de una comunidad académica, que decía llamarse erudita y que egresaba Magna y Summa Cum Laudes por decenas cada año.


El joven quería aprender sobre el cambio climático. El profesor le enseñó estudios –realizados por tanques de pensamiento y pseudo académicos financiados por industrias que se benefician del uso de energía fósil- que negaban el fenómeno, descalificando además a quienes se pronunciaban sobre el tema sin abordar el problema seriamente.


Quería aprender sobre los Estados, Gobiernos, políticas públicas y el éxito de los países Nórdicos. Los profesores, la universidad e incluso comentaristas en los medios le bombardearon de razones para satanizar al Gobierno, predicar un supuesto fracaso del Estado Benefactor y enfatizar en que la única posible solución a los problemas económicos era la ideología que promovían.

El joven salió del pueblo. Al salir aprendió que la sexualidad era mucho más que el acto sexual, que el licor no es malo en sí, pero se dio cuenta de la potencial adicción y las consecuencias negativas del abuso en su consumo. Aprendió que las religiones han, históricamente, manipulado masas y que en nombre de la salvación se cometen atrocidades.


Leyó y aprendió que el capitalismo al igual que el marxismo tenía fallas que debían estudiarse seriamente y sin tabúes.


El joven aprendió sobre el cambio climático y evidenció personalmente sus consecuencias. Aprendió que las etiquetas de ecohisterismo, entre otras, eran fácilmente utilizadas y posicionadas en mentes ingenuas e ignorantes de la misma forma que cualquier marca comercial se implanta mediante la publicidad o propaganda. Aprendió que aun con sus retos, el EstadoBenefactor estaba vigente y que el llamado “libre mercado” es una utopia teórica.


Aprendió que en lugar de haber sido educado y liberado en su pequeño pueblo fue mas bien “entrenado”, reprimido y “castrado intelectualmente” por todo un sistema que se beneficiaba con tener a las personas alineadas, distraídas, limitadas de su capacidad crítica.


Aprendió que en su pueblón, ese sistema dominado por un pequeño grupo (sus profesores, columnistas, dueños de empresas, medios de comunicación, políticos e incluso lideres religiosos) le había censurado su más preciada libertad: La de pensar, de cuestionar y cuestionarse, de discernir. Ahora era libre y dedicaría su vida a seguir aprendiendo y preguntando, para romper con ese infausto tirano que mantenía en el letargo a su amado pueblo. 


Aunque difícil, porque se gano muchos "enemigos" que lo odiaban por decir verdades inconvenientes para ellos, el joven no dejo de preguntar, de investigar y de buscar... eso le daba más satisfacción que agachar la cabeza, sonreir timidamente y decir a todo Amen.

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