Tuesday, 5 April 2011

Crecimiento económico para quién


Se habla del crecimiento económico como si fuera la panacea para solventar los problemas de los guatemaltecos. Se olvida sin embargo, que el crecimiento económico no debe ser un fin sino un medio para alcanzar mejores niveles de bienestar.  Se habla también de la imagen del país deteriorada por las ultimas noticias y la potencial caída de la inversión extrajera y un menor crecimiento económico como consecuencia.
Más allá de la coyuntura, las noticias que han ocupado lugar en la prensa internacional han sido el caso Rosenberg, la cianobacteria de Atitlan, el hundimiento de la zona 6, la violencia y delincuencia relacionada con el narcotráfico y últimamente el divorcio presidencial. Al unir los puntos, el mensaje que se envía de Guatemala es la imagen de un país frágil y vulnerable. Frágil institucionalmente, y vulnerable ante shocks, sean estos naturales, financieros, sociales o políticos.
Los inversionistas extranjeros no toman en cuenta únicamente la noticia del divorcio per se ni sus connotaciones morales o éticas. Los inversionistas extranjeros toman en cuenta la calificación de riesgo soberano que distintas agencias elaboran indexando variables macroeconómicas y sociales.
En cuanto a la estabilidad macroeconómica Guatemala ha hecho relativamente bien su tarea, aunque todavía hace ruido el tema fiscal por la deuda pública acumulada y por los ingresos tributarios aún por debajo del promedio de países en vías de desarrollo.
Donde definitivamente perdemos el examen es en las variables sociales. La percepción de vulnerabilidad e inestabilidad del país para la inversión se incrementa al contar con niveles de pobreza que reflejan cerca de 6 de cada 10 guatemaltecos viviendo con 2 dólares o menos de ingresos diarios (B.M.), niveles de educación promedio de 4 años (UNICEF). Ocupando el primer lugar en desnutrición infantil de Latinoamérica (Ibíd.) y siendo uno de los 15 países en el mundo con mayores asimetrías en la distribución de los ingresos relativos a los recursos que existen en Guatemala (Gini de 0.55) (PNUD).
Con semejantes indicadores sociales no es de sorprenderse la poca atracción de inversiones extranjeras pero tampoco de los problemas de delincuencia, narcotráfico, alcoholismo, discriminación, depredación ecológica, trafico de personas y otras consecuencias (llamémosle subdesarrollo?) de vivir en un país que concentra la riqueza, que privilegia a pocos y discrimina a sus propios habitantes. Privilegios que tienen dos caras en la misma moneda. Unos pocos se favorecen por el Estado imperante mientras mayorías viven en exclusión y en condiciones miserables.
¿Qué beneficios entonces tendría liberalizar mas la economía para atraer inversión y acelerar el crecimiento si no existe igualdad de condiciones para competir? El sistema de mercado sin inversión social ensanchará las asimetrías existentes y no derramará sus beneficios a todos. Dado ese contexto, el paradigma de crecer más, que no es necesariamente beneficioso  para el país debe cambiarse a crecer mejor. Es decir más sostenible y equitativamente.
Existe suficiente evidencia sobre la correlación positiva de la desregulación de los mercados en el crecimiento económico. Sin embargo, recordemos que no toda la inversión extranjera ni el crecimiento económico garantizan una mejor calidad de vida sostenible en el tiempo precisamente porque el crecimiento económico positivo no necesariamente es un indicador de bienestar. El mismo creador del PIB y de las Cuentas Nacionales de EUA, Simon Kuznets advirtió al Congreso norteamericano en 1934 que: “…el bienestar de una nación puede escasamente inferirse utilizando sus ingresos como medida”. Cuando el crecimiento económico no se traduce en bienestar, es necesario entonces revisar la estructura de país y a partir de allí proponer las reformas que permitan que eventualmente podamos crecer más para vivir mejor. ¿Qué partido político aborda estos temas con seriedad y pragmatismo? He allí otro insumo para el debate.

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