Wednesday, 18 July 2012

POR AMOR A MI NACION NO CALLARE


Por amor a mi nación

Hace ya talvez unos 20 años o más, recuerdo que en la ciudad capital se veían algunas vallas publicitarias y calcomanías en carros con el mensaje que decía: POR AMOR A MI NACIÓN, NO CALLARÉ. Resulta que es un movimiento Cristiano Pentecostal que promueve valores en contra de la corrupción, algo que es de valorar y reconocer como positivo.

Siendo yo un joven idealista en ese entonces y sin saber la fuente de dicha campaña, el mensaje me cautivó de tal manera que me tomé esa frase en serio y como una piedra sólida en los fundamentos de mi vida de jóven. Decidí escribir cartas a los periodicos denunciando cosas que veía que no me parecían, buscaba siempre hablar con la verdad aunque a veces no fuese “políticamente correcto”, frase que no me hacía sentido, y denunciar ante quien tuviera autoridad para componer anomalías si veía o experimentaba alguna. Me "peleaba" con algunos profesores por cuestionar algunas premisas en sus clases y muchas veces, tristemente, el debate se quedaba en someras discusiones sin muy fuertes argumentaciones. Aprendí a investigar y buscar argumentos para sostener ideas basadas en hechos, en experiencias comprobables, evidencia, data y fundamentos teóricos y académicos.
Luego, para optar a la presidencia de la Asociacion de Estudiantes de Ciencias Economicas de la URL, decidimos, con un grupo de amigos-as economistas, formar el grupo ECO y, (en campaña) utilizar la frase “Hazte escuchar”. La intención era hacerle ver a nuestros pares que existía un estamento "novedoso" y valioso en ese sistema nuevo que estábamos estrenando como generación llamado "Democracia" cuando hubiese algún asunto de interés común o de abuso por parte de autoridades de la Facultad, maestros e incluso otros alumnos-as. Ganamos las elecciones y la Asociación se caracterizó por representar al estudiantado de la Facultad (pues normalmente servía para hacer fiestas juveniles y reuniones sociales). Aunque no logramos establecer (como hubiésemos querido) toda una cultura de participación, dejamos al menos el precedente de que las instituciones como una asociación estudiantil tenía razón de ser en un contexto donde se nos había educado a seguir líneas verticales de autoridad y callar ante injusticias o actos corruptos.

Más tarde, participando en política juvenil y en mi desempeño laboral en varias instituciones y empresas mantuve ese valor fundamental como parte de los pilares de vida en el ejercicio de mi ciudadanía.
El ejercicio profesional ético me ha enseñado que la transparencia y la honestidad no son negociables. Que aunque el trabajo, la seguridad financiera e incluso el status en ciertos grupos sociales estén en riesgo, la integridad es más importante y a la larga consolida el camino de satisfacciones y de felicidad real y plena. 
En la universidad, en trabajos de investigación, en mis opiniones públicas, en mi ejercicio profesional en mis clases, en la academia y en el ámbito publico y privado he procurado mantener una línea de búsqueda de la verdad a pesar de las vicissitudes. 

Claro que he cometido errores. También en el camino he perdido algunas presuntas “amistades” y engendrado algunas “enemistades” pero también he consolidado y ganado amistades más honestas, más puras y valiosas por decir mi verdad aunque resulte incomodo a otros.

Hoy, me encuentro en Canadá celebrando un año mas y la obtención de mis papeles que me acreditan como ciudadano residente en este país. Sin renunciar a mi ciudadanía Guatemalteca, sin renunciar a mi natural pertenencia a la convivencia global con otros Seres Humanos y otras formas de vida; sin renunciar al compromiso que me tracé desde joven, de cambiar en lo que esté a mi alcance para mejorar a Guatemala, mi amada Nación, sigo opinando en este blog, en la prensa escrita y revistas virtuales, en entrevistas, en investigaciones académicas, en conferencias y en la docencia. Sigo actuando privadamente, apoyando causas en las que creo profundamente y estableciendo redes y proyectos... 
y lo seguiré haciendo. Tal vez con más fuerza ahora que vivo fuera, más que nunca, porque estando lejos se comprenden aún mejor las cosas sin el ruido de fondo que estando en el País afecta a la objetividad. Al estar fuera se tiene algún grado adicional de libertad para opinar sin ningún tipo de obstáculo para poder decir con la cara en alto "POR AMOR A MI NACIÓN, NO CALLARÉ." 

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