Saturday, 30 October 2010

¿Todos nacemos pobres?



El padre de Bryan es bombero de tiempo completo y su madre trabaja en la cocina de una escuela pública.
Sus padres pagan un tercio de sus salarios de impuestos, pero a cambio recibe educación de la mejor calidad mundial, servicios de salud, puede salir al parque los domingos y atiende sus estudios usando el transporte público, que para los niños es subsidiado. A veces se va en bicicleta, sin temor. Juega tenis en el centro comunitario y si enferma sabe que puede ir al hospital público y recibir tratamiento de la más alta calidad.


Bryan vivirá 82 años de edad y probablemente morirá de un infarto, tendrá al menos un grado de educación postsecundaria, viajará al menos una vez fuera del país, sabrá tocar un instrumento musical, puede hablar más de un idioma y podrá escoger la carrera que querrá estudiar. Bryan tiene la libertad de aplicar para una beca universitaria, pues es inteligente y con el nivel de conocimientos recibido en la escuela publica tiene una alta probabilidad de ser aceptado. Sus padres tienen asegurado el mínimo de servicios para vivir: educación, salud y seguridad. Eso les da libertad de pensar y de disfrutar de la vida.


A partir de ahí, cada quien construye su futuro. La compra de una casa por abonos y los gastos del súper, de cada día, son sus principales gastos, lo cual les permite tener un margen para ahorrar y viajar el próximo verano. Bryan prefiere ir a Guatemala a ayudar a construir casas para la gente pobre. Como la mayoría de familias, en su casa tienen una TV, Internet, dos carros, y salen de vacaciones una vez al año.


El “pecado” de Bryan fue haber nacido en Canadá. Donde se pagan altos impuestos, pero donde por consecuencia la desigualdad es mínima, los índices de desarrollo humano son de los más altos del mundo, pues los impuestos son devueltos a la población sin importar su condición en materia de salud y educación. Todos la reciben por igual y por eso se preocupan que sea de la más alta calidad. El Estado tiene los recursos para hacerlo.


Mientras tanto, Rodrigo nació en la zona 10 de la ciudad capital. Su futuro también está escrito: vivirá 77 años. Su escolaridad es de maestría en Administración. Fallecerá por “causas naturales” en un hospital privado. De los Q210 mil que gana al año como gerente, paga de ISR Q17 mil y unos Q12 mil de IVA. No le gusta tributar, pues eso le quita capacidad para pagar el colegio privado, el hospital privado, el seguro de salud, las mensualidades del carro, los viajes a Miami, la casa del puerto, el pago a los tres guardaespaldas, el enrejado alrededor de su casa, la garita de seguridad, los radios para comunicarse con sus hijos, los vidrios blindados, y encima está convencido de que los impuestos sirven para darle al haragán lo que no se merece.


Así le enseñaron en la Universidad. Así las cosas, él piensa: “que todo sea privado”. Cree que Guatemala es un país pobre y que el resto de guatemaltecos está compuesto por shumos resentidos y haraganes que no quieren salir de su pobreza. Cada quien tiene lo que se merece. Su virtud fue haber nacido en la capital y tener un apellido español. Sin embargo, tiene tristeza en su corazón. No comprende porqué en Guatemala sus hijos no pueden salir al parque en libertad… empezando porque no hay parques.


Juana nació en Santa Catarina Ixtahuatán. Su futuro está escrito: vivirá menos de 57 años, probablemente morirá por una hemorragia durante uno de sus múltiples embarazos; su educación será de cuatro años primaria y vivirá en una casa con piso de tierra y con un ingreso de Q12 mil al año. Es decir, unos Q33 al día. De ello le descuentan IGSS, y paga de IVA unos Q1 mil 400 al año. En su aldea abundan las enfermedades, pues no hay desagües y mucho menos agua potable en casa. Su único pecado fue haber nacido en dicho municipio, ser mujer y tener un apellido maya.


En Canadá existe un Estado benefactor en que se busca equidad; en Guatemala, un Estado excluyente: un grupo reducido concentra el poder económico, político y mediático y una gran mayoría no tienen acceso a educación, salud ni vivienda de calidad. Por el simple hecho de haber nacido en un área rural, tener apellido maya, o ser mujeres, esta gran parte de la población ha sido excluida y discriminada desde la Conquista, pasando por la “independencia” y el posmodernismo. Juana no quiere ser pobre, pero le cuesta 20 veces más tener acceso a lo que Rodrigo heredó.


Por más que se esfuerce tiene todas las desventajas y obstáculos en su contra. Por el contrario, quienes nacen con herencias no deben hacer mucho para mantener su estatus, más que decir amén a la ideología que los mantiene en el poder y comprar algunas voluntades o tergiversar la verdad en sus círculos de influencia. “Todos nacemos pobres”, repiten cual dogma, sin darse cuenta o querer negar la verdad irrefutable de que muchos en Guatemala nacen más pobres que otros.

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