Sunday, 7 February 2010

Capitalismo e Intervención en los mercados

Las diferencias entre las economías de Estados Unidos, Canadá, Venezuela, Brasil o Europa son la forma y la magnitud en que se interviene en los mercados.

No existe evidencia alguna de que alguna economía sea de un capitalismo puro o laissez faire, es decir, sociedades que se rijan estricta o exclusivamente bajo las leyes de la oferta y la demanda químicamente puras. No sería posible, no sería conveniente y con seguridad no sería sostenible en el tiempo.

No sería posible —por los supuestos y asimetrías— pues la economía de mercado “químicamente pura”, como la teoría neoclásica asume, requiere de ciertos supuestos que al ser aplicados en la realidad social no se cumplen; extensos tratados, estudios en Journales económicos y artículos lo evidencian.

No sería conveniente —por la concentración de mercados, la tendencia a colusiones y monopolios y externalidades negativas—, pues en algunos contextos, los mercados han demostrado que la economía de mercado excluye a quienes no pueden pagar por servicios y productos básicos para la supervivencia, tales como la salud o alimentación nutritiva, o la exclusión de la educación básica en mayorías poblacionales de países pobres, reproduciendo las asimetrías sociales y laborales.

Pero también los mercados —con sus imperfecciones— no saben regular las externalidades negativas que provocan, al ser la sumatoria de decisiones individuales que son tomadas irresponsable o ingenuamente por no conocer con exactitud los impactos que las mismas conllevan.

Finalmente, no sería sostenible en el tiempo, pues ante la imperfección de la información en consumidores y oferentes, los impactos generados por los mercados serían evidentes probablemente hasta ser muy tarde. Por ejemplo, el cambio climático. Si no existieran estudios técnicos y expertos pronunciándose sobre el tema los agentes económicos difícilmente corregirían su actuar en los mercados hasta probablemente muy tarde. El que la temperatura del planeta se haya convertido en un bien de consumo fue gracias a los estudios técnicos y expertos en la materia del peligro del calentamiento global. La insostenibilidad del modelo de consumo imperante también radica en que con los recursos disponibles del planeta no será factible satisfacer a toda la población de la forma que está siendo satisfecha una pequeña porción.

Por lo tanto, solo tenemos evidencia, dadas las condiciones humanas actuales, de un modelo posible y perfectible: a saber, la economía intervenida. Los modelos de intervención variarán según la magnitud de la intervención y de la forma en que se interviene y en un sistema democrático es la ciudadanía quien decide esos grados, pertinencia y efectividad de la misma. He allí el debate.

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