Wednesday, 3 June 2009

Vivir en sociedad

"La vida inteligente es una continua secuencia de toma de decisiones individuales".

Vivir en sociedad acarrea la renuncia de cierta soberanía individual. Se conjura de nuevo la famosa máxima: “mi libertad termina donde empieza la tuya”. Mas allá de los límites de la libertad, vivir en sociedad responsablemente implica la comprensión de la interacción que se tiene con el todo. Nos guste o no, cada persona constituye una pieza de la gran maquinaria social y ambiental dentro de la que vivimos e interactuamos. La libertad absoluta se restringe al compartir un ecosistema natural y social en el planeta. La existencia del individuo es relevante para el resto de la sociedad. El espacio que se ocupa, el oxígeno que se respira, los recursos que se consumen en cuanto a alimentación para subsistir, el deshecho que se genera, los costos sociales que, sabiéndolo o no, cada persona ocasiona restringen la soberanía del otro y viceversa.
El nacimiento de cada individuo hace que “el todo” se recomponga constantemente.
¿Se ha puesto a pensar en cuántas personas están involucradas en la venida al mundo de un nuevo ser en términos económicos bajo ciertos supuestos de mercado? Las decisiones y acto de la pareja que decidió procrear afectaron emocionalmente a cada uno de ellos, provocándoles una serie de toma de decisiones en sus propias vidas que modificaron su entorno económico, ecológico y social.
El consumo de medicinas prenatales, las visitas al médico, la compra de ropa, la cuna, los juguetes, las reuniones sociales que celebran la llegada del bebé, etc. dan trabajo a miles de personas. Las familias y amigos de los futuros padres modifican su conducta económica desencadenando relaciones de producción que anteriormente no existían solo por la venida de un nuevo ser al mundo.
Imagine al carpintero que hace cunas, al dependiente que trabaja en la farmacia despachando prenatales que el médico ordenó o la joven que trabaja en la maquiladora cosiendo botones para la ropa de bebé. Sin esa fuente de ingreso, ninguno podría llevarles comida a sus propios hijos. Cada quien se ve beneficiado por ser un engranaje que mueve la maquinaria de la sociedad económica en su conjunto a través de lo que se conoce como economía de mercado. De esta forma, Adam Smith apuntó que el hecho de que cada persona busque su propio bienestar, hace que las demás personas se beneficien. Esta forma de ver la vida se fundamenta en un concepto trillado pero nunca agotado: La Libertad. Sin embargo, como mencionamos arriba, existen costos sociales y es menester estar consciente de la influencia que tienen las decisiones y acciones que cada uno realiza al vivir en esa red social. El calentamiento global es un justo ejemplo de dichos costos sociales que los economistas llamamos externalidades negativas.
Es en esa búsqueda de libertad cuando las consecuencias de una decisión tomada conllevan a la responsabilidad del sujeto a corregir el daño o recibir la recompensa por lo construido a raíz de su acción u omisión. La ética radicaría entonces en la capacidad del individuo de asumir su responsabilidad, estando consciente primero, de las consecuencias de sus actos u omisiones antes de tomar la decisión y segundo, de la corrección de los daños ocasionados a terceros o al entorno por la decisión tomada. Difícil de lograr espontáneamente y lo que hace complicada la vida en sociedad. Yo hago lo que a mí me parece bien, pero debo comprender que más allá de los juicios de valor que impongan las personas o mi religión, mi responsabilidad es ante los demás por las consecuencias que provoca mis acciones frente a una situación dada. Si personal y voluntariamente no puedo asumir la responsabilidad de mis actos, es donde la fuerza de la ley entra en juego y es la forma que tiene el Estado de organizarse para garantizar la convivencia social. Algunos Estados deciden organizarse protegiendo al individuo incrementando las leyes y regulaciones que protejan la propiedad individual (crimen/castigo), obviando las asimetrías y penalizando a quienes no pueden insertarse en la ecuación del modelo productivo de mercado. Otros se organizan solidarizándose con el menos favorecido para de esta forma lograr armonía y convivencia procurando disminuir externalidades negativas, asimetrías y brindando oportunidades a otros para construir comunidad y compartir espacios y recursos. Modelo que podríamos llamar economía social de mercado. Al final del día, ambos modelos de Estado tienen sus costos y beneficios, y no son exactamente iguales de una sociedad a otra. El rol activo o pasivo del Gobierno también depende de la forma en que los ciudadanos contesten a las preguntas de la convivencia en sociedad y tema para otra columna.
Los juicios de valor: “bueno” o “malo” estarán en función del daño que el individuo provoque a su entorno o hacia sí mismo. Esto, a la larga, es el fundamento primario de vivir armónicamente en sociedad y es otra de las conversaciones fundamentales que la nueva generación de guatemaltecos debe entablar.

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