Sunday, 7 February 2010
Capitalismo e Intervención en los mercados
No existe evidencia alguna de que alguna economía sea de un capitalismo puro o laissez faire, es decir, sociedades que se rijan estricta o exclusivamente bajo las leyes de la oferta y la demanda químicamente puras. No sería posible, no sería conveniente y con seguridad no sería sostenible en el tiempo.
No sería posible —por los supuestos y asimetrías— pues la economía de mercado “químicamente pura”, como la teoría neoclásica asume, requiere de ciertos supuestos que al ser aplicados en la realidad social no se cumplen; extensos tratados, estudios en Journales económicos y artículos lo evidencian.
No sería conveniente —por la concentración de mercados, la tendencia a colusiones y monopolios y externalidades negativas—, pues en algunos contextos, los mercados han demostrado que la economía de mercado excluye a quienes no pueden pagar por servicios y productos básicos para la supervivencia, tales como la salud o alimentación nutritiva, o la exclusión de la educación básica en mayorías poblacionales de países pobres, reproduciendo las asimetrías sociales y laborales.
Pero también los mercados —con sus imperfecciones— no saben regular las externalidades negativas que provocan, al ser la sumatoria de decisiones individuales que son tomadas irresponsable o ingenuamente por no conocer con exactitud los impactos que las mismas conllevan.
Finalmente, no sería sostenible en el tiempo, pues ante la imperfección de la información en consumidores y oferentes, los impactos generados por los mercados serían evidentes probablemente hasta ser muy tarde. Por ejemplo, el cambio climático. Si no existieran estudios técnicos y expertos pronunciándose sobre el tema los agentes económicos difícilmente corregirían su actuar en los mercados hasta probablemente muy tarde. El que la temperatura del planeta se haya convertido en un bien de consumo fue gracias a los estudios técnicos y expertos en la materia del peligro del calentamiento global. La insostenibilidad del modelo de consumo imperante también radica en que con los recursos disponibles del planeta no será factible satisfacer a toda la población de la forma que está siendo satisfecha una pequeña porción.
Por lo tanto, solo tenemos evidencia, dadas las condiciones humanas actuales, de un modelo posible y perfectible: a saber, la economía intervenida. Los modelos de intervención variarán según la magnitud de la intervención y de la forma en que se interviene y en un sistema democrático es la ciudadanía quien decide esos grados, pertinencia y efectividad de la misma. He allí el debate.
Saturday, 14 November 2009
"Libre Mercado" e Igualdad de Oportunidades
Los principios de la economía clásica que Adam Smith propuso hace 233 años comprenden algunos supuestos que se refieren a la igualdad de condiciones para competir.
La formalización matemática de los modelos microeconómicos de competencia perfecta asume la perfecta libertad de entrada y salida a los mercados. Ojalá esto se diera en al realidad social. Ojalá la economía de mercado funcionara como Smith lo propuso. La realidad es que dicha condición en el contexto social no existe, y tal y como lo remarca el pensamiento neoclásico, las diferencias sociales, naturales, geográficas y culturales son hechos que se atribuyen incluso a la “suerte”.
Para que el sistema de mercado sirva al ser humano, y no a la inversa, lo que importa en materia de política económica es lograr que esas asimetrías, de entrada, sean erradicadas y que las personas compitan sin barreras, tal como la economía clásica asume. Procurar que la “suerte” sea el mínimum minimorum.
De no hacerlo, la convivencia entre humanos se convierte en un darwinismo social en el que quien compite con mayores recursos y acceso a distintos mercados —incluido el educativo, el de la salud, el de la información y el tecnológico— tendrá una ventaja que rompe con la idea de la libre competencia, y por ende con el mismo sistema.
Aún estableciendo igualdad de derechos, las asimetrías en oportunidades absolutas para ejercer actividades productivas, con raras excepciones, se consolidan. El argumento de los mercados entre pares es utilizado frecuentemente para justificar las asimetrías —el mercado entre los iletrados, entre los capitalinos, entre los educados, etc.—, pero, ¿no es entonces una forma de perpetuar las asimetrías? ¿Es imposible acaso romper con el círculo de la pobreza absoluta en una sociedad? ¿No es que países de otras latitudes, con inversión social han llegado minimizar las asimetrías que condenan a la pobreza absoluta?
La pobreza en Finlandia o Francia es relativa: no hay desnutrición ni analfabetismo. Si algunos no fuesen atendidos con inversión social probablemente estarían poblando las cárceles, delinquiendo para sobrevivir o muriendo de hambre. En esos países, independientemente de donde el ciudadano haya nacido, del color de piel, condición social, idioma que hable o cultura que practique, todos tienen igual acceso a satisfactores de necesidades básicas: salud, educación y capacitación, seguridad y otros servicios que el Mercado no puede garantizar con equidad. Es decir, tienen igualdad de oportunidades garantizadas por el Estado.
El modelo de un total laissez faire buscaría que las personas que pueden pagar accedan a dichos servicios, y quienes no, se quedarán rezagados y fuera de la ecuación de desarrollo perpetuando la desigualdad.
El mercado no aboga por la inversión social para reducir las asimetrías, y sus defensores ideológicos recalcan el hecho de que la igualdad de derechos y de oportunidades son mutuamente excluyentes. El único recurso productivo común al ser humano desde su nacimiento en una sociedad en igualdad es la mano de obra y su capacidad creativa.
Conforme crece adquiere herramientas y capital que elevan su productividad y emancipa sus cualidades y talentos individuales. El problema son las barreras artificiales que las asimetrías sociales provocan. No se trata de hacer más pobre al rico, sino de facilitar las herramientas y la capacidad de ser “rico” a quien no tiene actualmente acceso a crear riqueza.
El modelo de laissez faire asume que bajo condición de pobreza, el pobre se limitará a sobrevivir compitiendo en igualdad de condiciones entre pobres, pero en desigualdad entre otros que se benefician por las desigualdades sociales y ventajas heredadas. Esto limita la movilidad social e incrementa las barreras de entrada, generando aún más mercados imperfectos y concentrados.
Una persona que vive rodeada de riquezas pero comprende que la miseria y la hambruna de las mayorías también le afectará y que, debido a ello, es imprescindible mejorar las condiciones para todos, es más visionaria y posee más sentido común respecto de quien se empecina en vivir en una burbuja blindada limitando su libertad y la de futuras generaciones, apelando ingenuamente, a la igualdad de derechos como única salida a la pobreza.
Friday, 6 November 2009
Etica empresarial y R.S.E.
Milton Friedman se refería a la Responsabilidad Social Empresarial como una “doctrina subversiva” de carácter socialista. Cito de su articulo publicado en 1970 en el NY times sobre los empresarios que citan a la RSE: “ellos están pregonando puro y autentico socialismo. Empresarios que hablan de esta forma son marionetas involuntarias de las fuerzas intelectuales que han minado las bases de una sociedad libre durante las pasadas décadas” … “la única responsabilidad de las empresas es utilizar los recursos y realizar actividades designadas al incremento de sus utilidades siempre y cuando mantengan las reglas del juego, que cabe mencionar, se refieren a la libre y abierta competencia sin incurrir en fraude o engaño”. (Termina la cita)
Yo agrego que la verdadera Responsabilidad Social Empresarial debe encajar con un nuevo código de ética que debe reflejarse en cada estamento dentro de la estructura de cualquier actividad productiva a todo nivel. Los datos del impacto ecológico del crecimiento económico mundial no son triviales ni muy agradables. Sin embargo, tampoco se trata de eliminar la producción de bienes y servicios. Lo que se pretende es la adaptación de una nueva ética empresarial la cual debe ser liderada por dos agentes fundamentales: el consumidor y las comunidades que rodean a las actividades productivas. La semana pasada estuvo compartiendo mi aula Randall Gossen, Presidente del Consejo Mundial del Petróleo, que aglutina a representantes de países productores y consumidores de petróleo, incluida la OPEP. En palabras de Randall, las empresas no pueden prosperar donde la sociedad tiende a fracasar. La comunidad tiene el derecho de recibir los beneficios de la explotación minera, petrolera y de los recursos naturales que les pertenecen. Si no existen beneficios, la comunidad debe pronunciarse y evitar la explotación de esos recursos pues eventualmente se traducirá en problemas sociales, políticos, ecológicos y económicos. Las empresas deben incluir el costo que la actividad empresarial representa en términos de impacto cultural, social y ambiental. Si el impacto negativo es irreversible, entonces debe descartarse la explotación industrial del recurso.
El riesgo para una empresa de extracción de recursos del subsuelo no esta únicamente relacionada con el riesgo geológico sino con el riesgo social, político y ambiental incurrido que difícilmente se registran en los libros contables. No es sostenible para el planeta la producción industrial de recursos a velocidades tan acelerados que no permiten la renovación de los mismos.
En la ecuación productiva se ha errado al no incluir los costos del impacto social y ambiental que cualquier emprendimiento conlleva. Invertir en un país que refleje la inversión productiva en la calidad de vida de sus habitantes tiene un costo para el inversionista. En el ultimo siglo se pretendía atraer inversiones reduciendo impuestos y flexibilizando las condiciones laborales, ambientales y de impacto social. Pero, no es eso a la larga perjudicial para la calidad de vida de los habitantes del país? No será más conveniente reflejar los verdaderos costos de producción en cuanto al impacto ambiental, social, cultural y político que la extracción minera, petrolera, hidroeléctrica o una cementera conllevan? El costo de vivir e invertir en una sociedad sana es el que conlleva el incremento de los niveles educativos de su población, los niveles de salud, la expectativa de vida, la institucionalidad y seguridad social, la justicia, la protección ambiental y el respeto a las manifestaciones culturales de los pobladores. Las empresas empezaran a competir en invertir por los beneficios sociales que su establecimiento conlleve en una comunidad. De no hacerlo se estará atrayendo inversión indeseable para el desarrollo humano, ecológico y social de los guatemaltecos. La construcción de una nueva ética empresarial debiera ser la tendencia de la R.S.E. en el mundo postmoderno.
Thursday, 15 October 2009
Wednesday, 7 October 2009
Sunday, 20 September 2009
Igualdad ante la ley con desigualdades económicas
Igualdad ante la ley con desigualdades económicas
Por: Lic. Abraham Samuel Perez / Samperez1@gmail.com
La isonomia (igualdad ante la ley) debe ir de la mano con la igualdad de acceso a oportunidades económicas. El contexto del debate sobre la igualdad de oportunidades se fundamenta en la economía, que implica primordialmente la sobrevivencia de las personas, incluyendo la competencia en el mercado laboral y empresarial en el marco del libre mercado. Los fundamentos de la economía clásica (neoliberal le apodan algunos) sostienen que el mercado perfectamente competitivo resuelve el problema económico al determinar eficientemente qué se debe producir y cómo se distribuye lo producido a los consumidores. La teoría sin embargo, también explica que los mercados cuando no son competitivos son proclives a crear disparidades aun más grandes en el tiempo. Dicho lo anterior, la igualdad de derechos en cuanto a la libre competencia asume que los agentes económicos involucrados tienen igualdad de acceso al mercado, igualdad de acceso a información e igualdad de acceso a recursos productivos. Falencia que algunas escuelas neoclásicas más modernas y tanques de pensamiento libertario incluso radicales afuera de nuestras fronteras reconocen que se debe corregir. Cito a Swaminathan S. Anklesaria del Centro para la Libertad y Prosperidad Global del CATO Institute: “El Banco Asiático de Desarrollo está en lo correcto al concluir que los gobiernos deben hacer más para mejorar la igualdad de oportunidades. La vergonzosa exclusión de acceso a necesidades básicas en zonas rurales institucionaliza la desigualdad de oportunidades e impide a los pobres salir adelante. En zonas urbanas, las oportunidades han crecido en las últimas décadas.”
Mas gráficamente, se puede comparar con un partido de fútbol: los jugadores debieran tener igualdades de condiciones físicas, etareas y nutricionales entre sí para que la competencia sea justa. Algunos argumentaran que existen diferentes ligas y que la condición de los jugadores dependerá de la liga en que estén jugando. Así las cosas, se argumenta que las grandes ligas compiten en igualdad entre las grandes ligas y que igual lo harán las ligas menores lo cual es totalmente cierto. La implicación de dicha realidad es que la igualdad de derechos frente a profundas asimetrías justificaría la perpetuidad de la pobreza en ciertos grupos poblacionales étnicos, etáreos o de ciertas áreas geográficas que no tienen el mismo acceso a inversión social que otros grupos. “Ellos nacieron en las “ligas menores” argumentará la teoría neoclásica “y jugaran el partido según sus condiciones”. En jalapa, los niños con igualdad de derechos pero sin el mismo acceso a educación de calidad, a salud de calidad y vergonzosamente a ¡alimentación básica para sobrevivir! deben comprender y resignarse a la suerte de que van a competir con sus pares jalapanecos probablemente en trabajos que no retribuyen siquiera al equivalente de la canasta básica de alimentos. La inversión social y de infraestructura que podría sacarlos de la miseria no llega. La que llega es la que aprovecha sus condiciones Infra-humanas y falta de acceso –paradójicamente- al ejercicio de sus derechos (iguales ante la ley, según nuestra constitución). Esto no es ideológico; es así como los mercados se comportan en un contexto social.
Perpetuar las asimetrías es conveniente para algunos pero perjudicial para otros y en el caso de Guatemala, hablamos de que quienes se ven perjudicados constituyen mayoría. En ese marco cabe preguntarse: ¿Es ése el Estado que queremos continuar construyendo? ¿Será que los problemas institucionales, ambientales, sociales y políticos que vivimos no tienen relación con las enormes asimetrías que existen? En el partido deportivo llamado “Guatemala”, las grandes ligas juegan entre ellas y están en la capital, el resto son chamuscas y de chamuscas no pasan. El “argumento” utilizado de que “todos nacemos pobres” es un mito pues la niña que nació en Camotan nació mas pobre que quien nació en la capital quien cuenta con ventajas en el acceso a educación, salud, infraestructura, capital para competir económicamente; por no mencionar otros orígenes de las desigualdades como las herencias y los prejuicios sociales discriminatorios en el mercado laboral y empresarial; ¿mala suerte o un Estado excluyente pero con iguales derechos? Ojala todo fuera como la economía clásica de Adam Smith lo postulaba pues asumía que esos prejuicios no existían en el mundo ideal pero irreal de los mercados perfectamente competitivos, incluido el laboral. Tergiversar la realidad obviando pequeños detalles que hacen grandes diferencias es ingenuo o irresponsable y, ojala no, malintencionado. Podríamos asumir que otros columnistas presumen de buenas intenciones, pero también nos acordamos que de buenas intenciones esta empedrado el camino al infierno.
Friday, 4 September 2009
Igualdad de derechos… hilando más fino
En Guatemala, teniendo igualdad de derechos garantizados por la Constitución vigente existe suficiente evidencia que implica discriminación a la mujer, al indígena, al joven sin experiencia, y otros en el mercado laboral tanto en la contratación como en la retribución salarial. Dicho lo anterior, el Ing. Manuel Ayau opina en su columna del 29 de agosto que la igualdad de derechos es suficiente para que las personas salgan por sí mismas de la pobreza.
Estamos de acuerdo en que la igualdad de derechos es necesaria mas no es suficiente.
Manuel Ayau también implica someramente que la suerte es un determinante del éxito o el fracaso de una persona. Lo que no menciona don Manuel es que existiendo igualdad de derechos sin igualdad de condiciones individuales para competir, las asimetrías, con raras excepciones, se perpetúan. Para ilustrar la idea: el pez que nació mas fuerte se comerá al pez que nació más débil. En un contexto social eso significa que quien tuvo la “mala suerte” de nacer en un entorno pobre, deberá resignarse a la pobreza pues ya hay peces grandes que teniendo los mismos derechos, tendrán más oportunidades de alcanzar el éxito económico. La competencia para quienes nacieron en condiciones de pobreza absoluta es doble, triple o a veces tan grande que ni siquiera es posible entrar a competir.
Deja ver el Ing. Ayau que nacer en una comunidad pobre es resignarse a la pobreza. Todos nacemos desnudos (o pobres) argumenta el Sr. Ayau, pero la realidad es que la niña nacida en Uspantán, el Quiché, nace más desnuda que el niño nacido en algunos sectores de la ciudad capital. Existe suficiente evidencia que la desnutrición ocasiona daños físicos, cognitivos, de capacidades motrices e intelectuales en las personas y esa es la “suerte” de 6 de cada 10 niños pobres menores de cinco años, en Guatemala. Recordemos que las instituciones son producto del hombre y la construcción de un Estado no excluyente es tarea de cada persona que convive en él. El nivel y la calidad educativa, las condiciones sanitarias, la calidad de alimentación, el acceso a agua potable y a medicamentos son determinantes incuestionables del potencial para que una persona se desarrolle física e intelectualmente y son servicios que la misma sociedad debe organizarse para garantizar a todos los miembros por igual.
Algunos se preguntarán ¿Porqué debo yo ayudar a quien no tuvo mi misma suerte? Pregunta que detona otras aristas ideológicas al responderse.
El mercado laboral retribuye según esas capacidades y condiciones físicas e intelectuales adquiridas durante la niñez y adolescencia. Para nadie es un secreto que los servicios educativos o sanitarios que no son rentables en comunidades pobres económicamente no las brindará el mercado por carecer del incentivo al lucro reproduciendo así las mismas condiciones y perpetuando el círculo vicioso. Esa “suerte” que el Ingeniero argumenta como determinante de los ingresos de las personas y su potencial desarrollo económico o éxito es posible cambiarla invirtiendo justamente en los servicios que elevarán las condiciones que impiden que el individuo no sea condenado a la pobreza económica permanente. Teniendo los mismos derechos garantizados en la actual constitución existen asimetrías históricas por el Estado excluyente que se ha construido y que ha sido capturado para beneficiar únicamente a ciertas élites.
La categorización que hace don Manuel Ayau, sobre la mujer bella por sobre la mujer fea, que el mejor dotado físicamente tendrá más oportunidades en los deportes que el menos dotado o que el simpático tendrá mas éxito que el antipático, además de ser subjetivas asumen la libertad del individuo de participar en triviales concursos de belleza, competencias deportivas o certámenes de popularidad. La realidad en el contexto social y económico es diferente y más seria. Cuando la persona no escoge nacer en una comunidad pobre donde no existen servicios básicos de salud y educación que sobre todo son determinantes de sus condiciones físicas, emocionales e intelectuales para alcanzar niveles de supervivencia humana mínima e incluso niveles de vida dignos estamos hilando un poco más fino y entramos al campo de análisis de las ciencias sociales como la política, la sociología, la economía e incluso la ética y no en función de la llamada “suerte”. Es precisamente el tipo de Estado que la sociedad misma ha decidido construir y que puede ser moldeado y construido por quienes lo conforman el que cambiaría la suerte de muchos, hoy desnutridos.
Asumir que la igualdad de derechos es condición suficiente para que las personas en condiciones de desigualdad social alcancen niveles de bienestar mínimos es ingenuo, irresponsable y, ojalá no, malintencionado.
La igualdad de derechos no es garantía suficiente para alcanzar la prosperidad económica, mucho menos el desarrollo humano, ambiental y social si no se cuenta con otros prerrequisitos que en Guatemala a todas luces no se dan.